El Sol es una estrella formada por diversos elementos
en estado gaseoso, principalmente hidrógeno, en condiciones
tales que llevan a cabo un proceso de fusión nuclear
espontáneo e ininterrumpido. Estas reacciones constituyen
el origen de la energía solar, que se puede considerar
como una fuente inagotable de energía.
La fracción de esta energía que
llega al planeta Tierra, aunque es muy pequeña, supera
en unas 10.000 veces la potencia de todas las formas de energía
que emplea el hombre. Así, a la capa más externa
de la atmósfera llegan unos 1.353 [W/m2],
lo que se conoce como la constante solar.
No toda esta energía llega a
la superficie de la Tierra, puesto que al atravesar la atmósfera,
es interceptada por las diferentes capas de que la estructuran,
perdiendo intensidad. Es así que la energía que recibe
la superficie de la Tierra (radiación global) se compone
de dos tipos: la radiación directa, que no sufre cambios,
y la radiación dispersa (o difusa), debida a la dispersión
por parte de la atmósfera y del suelo. De esta manera, la
radiación que llega al suelo es de unos 900 [W/m2],
valor que, a escala de todo el planeta, equivale a unas 2.000 veces
el consumo energético mundial.
Radiación Solar Incidente sobre la Tierra
y su dispersión a traves de la atmosfera
Desde el punto de vista de su composición,
la radiación que llega hasta la capa exterior de la atmósfera
está constituida por la radiación ultravioleta
(de 100 a 400 nanómetros de longitud de onda), la radiación
visible (de 400 a 700 nanómetros de longitud de
onda) y la radiación infrarroja (sobre 700
nm de longitud de onda).
La energía de la radiación
es transportada por corpúsculos llamados Fotones; es así
como la intensidad de la radiación está dada por el
número de fotones incidentes en una determinada área.
La intensidad de radiación solar no es constante sino que
depende de la longitud de onda, siendo más intensa en el
rango visible (400-700 nm.).
Gran parte de la radiación con longitud de onda menor
a 300 nm es eliminada por la atmósfera.